22 de abril de 2009

[03] Psicotrópico de Tauro

Revolución mediática

Recorro con prisa el departamento. Bebo sorbos largos de café sentado frente a un monitor que dice muchas cosas, aunque hace pocas. La obsesión me recorre todas y cada una de las venas de mi cuerpo; estoy obsesionado y no puedo detenerme.

Cuando una idea se me clava en el pecho, poco a poco se aloja en el corazón, para después convertirse en algo más intelectual: pensamientos quemados por el asador de una maquinaria precaria, chispazos de información en los sesos, severa crítica a la razón impura. Corazón y cerebro, malas compañías, combinaciones explosivas e incompatibilidad nociva para la cordura.

La necesidad asfixiante de lograr mi cometido, el rumbo sin tropiezos, el cueste lo que cueste –con su “me vale madres” añadido- y una severa dosis de frustraciones, me llevan, me llevan y en el camino, me siguen arrastrando hasta quien sabe donde.

No parar nunca -más por orgullo que por inteligencia- para vivir obsesionado con una idea que cambiará al mundo, al menos el mío y de quienes me rodean.

Una idea. Todo comienza con una idea.

Diego Ramos, fiel a su causa y a la (verdadera) revolución mediática por Internet.